Hacerme el amor

Comencé desde los seis o siete años explorando mi cuerpo e introduciendo dedos
en mis orificios; a los nueve años ya sabía del placer que sentía cada vez que me
tocaba el clítoris, mis pechos planos aún, y cada vez que introducía un dedo en la
vagina. 

Más o menos, a los doce años experimente mi primer orgasmo y, hasta la fecha,
no he dejado de darme placer de manera constante; a veces lo hago para ayudar
a mi cuerpo pues he notado que, si se me retrasa un poco la menstruación, el
orgasmo me ayuda a acelerar el sangrado; durante la regla me ayuda a disminuir
cólicos y al usar la copa menstrual evito manchas en la cama y mis manos, porque
me permite lubricar sin necesidad de que salga la sangre.

He aprendido, gracias a la masturbación, cuales son los puntos más sensibles de
mi cuerpo y cuales los de mi mente; me gusta recrear escenarios, recordar
amantes o situaciones como si tuviese un repertorio de experiencias y, de acuerdo
a mi estado de ánimo, cada una, bien empleada, me lleva a los lugares del placer
más exquisitos.

La práctica de hacerme el amor cada que puedo, es la mejor manifestación de
auto cuidado que puedo tener como mujer, me gusta sentirme como un templo de
placer y sensualidad.

Por Adilene