¡Hija, date cuenta!

Hace unos meses la ilustradora Andrea Alfaro @Andonella y la periodista
Tamara de Anda @plaqueta, unieron fuerzas para escribir e ilustrar «Amiga, date cuenta», e inmediatamente lo quise. El libro está dirigido a niñas y adolescentes, pero sabemos que nunca es demasiado tarde para darnos cuenta.

Mi adolescente interior decidió comprarlo, mi yo adulta me dijo: espera, hay alguien que podría necesitarlo más que tú. Emilia es una niña de nueve años que tiene la fortuna (ja, ja) de ser mi hija. Fuimos mamá e hija muy jóvenes y usamos eso a nuestro favor. Hace unos años encontré lo que necesitaba para entender, explicar y combatir todo eso que me había molestado: el feminismo. Esto también afecto positivamente a Emilia; sin embargo, hay cosas que yo no sé explicarle a una niña de su edad, así que en el libro esperaba encontrar un aliado maravilloso.

Andonella es una ilustradora a la que admiro mucho y Plaqueta es una mujer a quien conocí por una polémica -provocada por gente que buscaba desprestigiarla- y de inmediato me cayó increíble; con esa combinación nada podría fallar. Compré el libro. Me senté a leerlo antes de dárselo a Emilia, lo creí prudente.
Todo increíble, maravilloso, hasta que leí la palabra «coger». En ese momento todo el adiestramiento católico al que había sido sometida por años, y que he tratado de olvidar desde hace quince años, recorría mi cuerpo a medio deconstruir. Hice una pausa y me dije: Sam, Emilia está expuesta a palabras con alto contenido violento, a publicidad que la sexualiza y un sinfín de mensajes sexuales; ella tiene que saber esto. Continúe la lectura, me reí, me sonrojé, me puse sentimental, corroboré información, aprendí y me divertí mucho con el libro. Definitivamente, «Amiga, date cuenta» tenía que llegar a manos de mi pequeña de nueve años.

  • Emilia, te tengo un regalo, es un libro muy especial.
  • ¡Wow, tiene glitter! – grito ella
  • Si, pero vamos a leerlo, jun…
  • ¡Y tiene stickers!

Ya no respondí, dejé que lo viera y lo explorara. Después le dije que lo íbamos a leer juntas para que ella pudiera resolver sus dudas. Por último, le pedí que me regalara unos stickers a lo que accedió de buena forma.

He visto crecer a Emilia durante nueve años y en lo últimos meses he notado todos sus cambios, la miro y la miro. Recuerdo mi adolescencia y entro en pánico, pero estoy decidida a no transmitirle mis miedos y necesito ayuda.

Emilia va despacio con la lectura, ha hecho muchas pausas para hacer preguntas y para verse. Está muy contenta descubriendo cosas, también algo apenada con algunos temas, pero le gusta el libro. Pronto me dirá: mamá, date cuenta.