Mi primer dildo

Terminé una relación amorosa después de varios años y paso lo que en la
mayoría de los casos pasa: sexo con mi ex. Aunque estamos en una era de apps
de citas donde se consigue sexo con solo deslizar tu dedo a la izquierda, para mi
esa opción no era factible.

No quería más enredos con la situación de mi ex y un día, como si el destino me
tratara de decir algo, se atravesó en mi camino una sex shop, sin dudarlo entre y
vi esas formas fálicas de plástico.

Los hay de todos los colores, formas, materiales y, algunos, hasta con decenas de
funciones vibratorias. La encargada me recomendó el silicón de grado médico,
pues al ser hipoalergénico no incuba bacterias y así hay menor probabilidad de
contraer una infección.

Me fui y convencí a dos de mis amigas para regresar; nos sentimos como una
novia que va en busca de su vestido blanco y al encontrar el ideal, su rostro y
mirada brilla con todo su esplendor, solo que a nosotras nos pasó con vibradores
¡Yei!

Mi nuevo amigo era color rosa, con una protuberancia para estimulación de clítoris
y otra para punto G, además de siete modos de vibración.
 
Inicié con el primer nivel de vibración haciendo un suave masaje, mis movimientos
se fueron intensificando al mismo tiempo que cambiaba la intensidad hasta al
llegar al nivel tres y allí sucedió: una explosión tan deliciosa con solo estimular mi
clítoris.

Mi primera experiencia había sido excepcional; después, seguí experimentando
insertando en mi vagina y, como en el primer uso, al llegar al tercer nivel de
vibración sucedió la magia: una explosión de fuegos artificiales recorrió mi cuerpo
y al final logré ver los destellos de colores.

Me atrevo a decir que el 98% de las veces que me he masturbado, he logrado
terminar; el otro 2% no se ha realizado por falta de concentración.

Pienso que todos debemos tener este tipo de aparatos; pero de no ser posible,
siempre puedes usar tus manos u otros artículos para darte placer a ti mismo.

Redacción Girl Power